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Coctel del día: Ironias de la vida, neuras de la ironia, hielo, lima, vozka... agitar fuerte y servir al gusto añadiendo un poco d pimienta... y pa luego una voll.

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Viernes, 21 de octubre de 2005

De vuelta a casa

Como cada tarde, subió al tejado. Desde allí tenia otra vista diferente de la ciudad, otra perspectiva. Un prado de tejados plagado de árboles oscuros que elevaban sus troncos hacia el cielo y, de vez en cuando, pájaros de ropa flotando inertes en sus cuerdas. Una tranquilidad que seria impensable en las calles abarrotadas de la ciudad, se adueñaba de su cuerpo al contemplar las luces del atardecer cuando el sol, en su ocaso, tiñe el cielo de rosas, lilas y naranjas, dando un toque mágico a la ciudad.

Su mente volvió a evocar el día que llegó allí, lleno de ilusiones y con expectativas de una vida mejor. Le cautivaron sus calles llenas de gentes, la mezcla de olores que había en el aire, sus magníficos edificios. Su corazón se había sentido pletórico de alegría. Hacia solo un año pero le pareció que habían pasado siglos…

Allí sentado, recordó todo lo que había dejado atrás, todo a lo que había renunciado por encontrar la felicidad, cuando no sabía que la felicidad no está en lo que puedes tener, sino en lo que tienes en ese momento.... Sus padres, a los que debía todo cuanto era, todo lo que había aprendido. Sus amigos que le habían apoyado a realizar su sueño, aún cuando pensaban que estaba loco… Y Carla… la pequeña Carla, su amiga incondicional.

Le vino a la memoria el su pelo oscuro y rizado, cayendo en cascada sobre su cara cuando, agotada de correr por los verdes prados, se tumbaba sobre la hierba y se negaba, tozuda, a continuar sin haber descansado antes. Recordó sus negros ojos, alegres y brillantes, y su sonora risa. Esa risa contagiosa que le obligaba a sonreír aún cuando no tenía fuerzas para hacerlo. Volvió a sentir los besos y abrazos llenos de cariño que le daba cuando estaba triste y desanimado, o simplemente porque quería hacerle saber que lo apreciaba. Sus conversaciones sobre nada en particular o sobre todo en general. Carla siempre había estado allí, a su lado, en los buenos y en los malos momentos. Y sin embargo él… El había huido, sin despedirse, sin darle explicaciones, sólo porque había tenido miedo a amarla…

El Sol había desaparecido por completo y la Luna, la fría y bella Luna, había ocupado su lugar en el cielo e iluminaba todo con su plateada luz. Se levantó y bajó con cuidado hasta la ventana de su cuarto y entró. Miró a su alrededor y notó como la Soledad le abrazaba fuertemente en la oscuridad y volvió a sentir su frialdad… Si estuviera allí Carla…

Sabía lo que tenia que hacer, pero le daba tanto miedo volver. No, no era eso. Le daba miedo a volver y no encontrar el cariño de Carla. No, no podría soportarlo y, sin embargo, sabía que ella tendría todo el derecho ha odiarlo.

Se volvió y miró por la ventana. Y entonces, mirando de nuevo hacia la Luna, decidió volver a casa.

Por: Ironika | Cuentos | Comentarios (1) | Referencias (0)

Comentarios

qué bonito, qué delicado...

ptó

Don Pablos | 23-10-2005 13:18:12

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