Coctel del día: Ironias de la vida, neuras de la ironia, hielo, lima, vozka... agitar fuerte y servir al gusto añadiendo un poco d pimienta... y pa luego una voll.
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Martes, 08 de noviembre de 2005
La historia es tan dramática, alberga en cada uno de sus protagonistas tanto dolor y muerte, y a la vez tanta alegría de vivir y bondad, que no parece cierta, y menos en Oriente Próximo. Pero Ahmed al Jatib, de 12 años, que ayer fue enterrado en la ciudad cisjordana de Yenín, es la excepción que confirma la regla. Ahmed murió el sábado a causa de los disparos del Ejército israelí que recibió el pasado jueves en su cabeza y el torso. El domingo, seis pacientes israelís recobraron las esperanzas de vivir al recibir su corazón, hígado, pulmones y riñones. Ayer, mientras la familia palestina de Ahmed lloraba de tristeza y rabia en Yenín, seis familias israelís --judías y drusas-- vertían lágrimas de alegría al recuperar sus familiares la esperanza de vivir.
Fusil de juguete
La primera parte de la tragedia de Ahmed, por sabida, por repetida, por habitual, no deja de ser menos desgarradora. El pasado jueves 3 de enero, primer día del Aid al Fitr --la Navidad musulmana, que conmemora el fin del mes del Ramadán--, Ahmed jugaba en las calles de Yenín con uno de los regalos que había recibido: un fusil de juguete. Por la zona, el Ejército israelí efectuaba una de esas operaciones militares que en Cisjordania ya forman parte de la vida cotidiana, incluso en los días especiales y festivos. Había enfrentamientos entre milicianos y soldados, disparos, y niños lanzando piedras a los vehículos militares. Lo habitual. Hasta que un soldado, situado a unos 130 metros de Ahmed, disparó dos balas contra el niño, que impactaron en su cabeza y el torso.
Tampoco, tras este primer acto, el guión del drama de Ahmed se apartó de las líneas habituales de un conflicto en el que han muerto más de 700 niños palestinos y un centenar de israelís en cinco años. El Ejército israelí primero informó de que había abatido a un activista de la Yihad Islámica y, después, se esforzó en explicar que para el soldado que había disparado era imposible discernir si el fusil era de verdad o de juguete. Los militares distribuyeron a la prensa fotos detalladas del fusil para evidenciar su semejanza con uno de verdad, expresaron su pesar por el "error", y prometieron la consabida investigación.
Mientras, la familia del moribundo Ahmed viajaba con él al hospital de Ramala y después al centro médico Rambam, en la ciudad israelí de Haifa, no sin antes salvar algunas trabas que las fuerzas de seguridad impusieron al padre para que lo acompañara.
La llamada más esperada
Lo inevitable sucedió el sábado, y Ahmed finalmente murió. Y entonces su historia de muerte se convirtió en una historia de vida. Poco después del fallecimiento, en la casa de los Gadban, una familia drusa israelí, sonó la llamada más esperada. Su hija Samah, de 12 años, iba a recibir, tras cinco meses de espera, un trasplante de corazón.
"Yo no sabía nada sobre el chico. Sólo sabía que los doctores tenían un corazón para Samah. Ahora no sé qué decir. Es un gesto de tanto amor... Los Jatib pueden considerar que mi hija es su hija también", dijo Riad, padre de Samah. Los otros órganos de Ahmed también se destinaron a otros israelís enfermos: el hígado fue dividido en dos para un bebé de seis meses y una mujer de 56 años; los riñones fueron para un chico de 5 años y los pulmones, a un niño de 5 años y a una niña de 4 años.
"En nuestra religión, Dios nos permite donar los órganos a quien sea, no importa si es judío o musulmán. Lo único que quiero ahora es reunirme con los receptores y verlos vivos", dijo Ismail, padre de Ahmed, que perdió a un hermano porque no recibió un trasplante de riñón a tiempo. "Con este gesto queremos transmitir un mensaje de paz y exhortar a los padres y madres israelís a que pongan fin a los crímenes contra los niños palestinos", añadió el padre.
Ismail, tras su gesto, ha gozado de una oportunidad que ningún otro padre de un niño palestino muerto en las operaciones militares ha tenido: transmitir su mensaje de paz y reconciliación al primer ministro israelí, Ariel Sharon, que lo llamó por teléfono para pedir disculpas. "Si me reuniera con él, le diría: 'Por Dios, para esta guerra, y deja a tus niños y a los nuestros vivir libres. Detén la guerra que ha matado a mi hijo'". Un mensaje de todo corazón.
Noticia publicada hoy en El Periódico.
No creo que haya un mensaje de paz mejor que éste.
Por: Ironika | General | Comentarios (0) | Referencias (0)