Coctel del día: Ironias de la vida, neuras de la ironia, hielo, lima, vozka... agitar fuerte y servir al gusto añadiendo un poco d pimienta... y pa luego una voll.
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Domingo, 20 de noviembre de 2005
Hubo un tiempo que dejé de sentir, de vivir, de soñar, y se me olvidó escribir. Siempre se me dio mejor explicar lo que sentía con palabras escritas, porque esas nunca se las llevaba el viento y nacen del corazón. Pero, dejé de sentir y se me olvidó escribir. Se me olvidó enlazar una palabra con otra, se me olvidó dar sentido a mis frases, se me olvidó como explicar la puesta de sol, el brillo de una estrella, la calma del mar, el silencio. Porque dejé de sentir y es difícil explicar aquello que no sientes, aquello que no vives, aquello que no sueñas. Me limite a caminar sin más y se me olvidó escribir.
Y de repente, un día, volví a vivir. Mis ojos empezaron a soñar, de nuevo, todo aquello que observaban y mi corazón volvió a sentir, de nuevo, todo lo que mis ojos soñaban, todo lo que mi cuerpo vivía. Y encontré el baúl de los recuerdos perdidos y la alegría y el miedo, sentimientos contrapuestos de evocar una vida pasada, llenaron mi corazón. Y, entonces, de repente, volví a escribir. Volví a escribir esa puesta de sol anaranjada, ese brillo plateado de la estrella, que veo, allí en el cielo colgada. Volví a escribir, pero con otras palabras, porque mis sentimientos también eran otros.
Por: Ironika | General | Comentarios (2) | Referencias (0)