Coctel del día: Ironias de la vida, neuras de la ironia, hielo, lima, vozka... agitar fuerte y servir al gusto añadiendo un poco d pimienta... y pa luego una voll.
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Miércoles, 30 de noviembre de 2005
Morfeo ha venido ha visitarme esta noche como hace siempre, incondicionalmente. Pero esta vez ha sido diferente. Esta vez no ha esperado que el cansancio del día cerrara mis ojos y así esparcir sobre mí los polvos dorados y mágicos de los sueños, ni me ha susurrado al oído con los dulces acordes de su voz.
No. Esta noche se ha materializado ante mí con su níveo vestido y ha susurrado mi nombre. Una nube de terror se ha posado sobre mí pero se ha disipado rápidamente al ver una sonrisa amable en sus ojos. Y, en un mudo gesto, me ha pedido que tomara su mano alargándola hacia mí. Curiosa, he cogido su fuerte y delicada mano y, sin saber como, me he visto volando junto a él por el cielo estrellado de la noche.
Y he visto la cara oculta de la luna y he tocado las nubes de algodón. He visto las cambiantes tierras del desierto, mar ardiente que enloquece al caminante, y praderas de verdes hierbas bailando al son del viento. He visto oscuros bosques, sembrados de ojos vivos y temerosos, y océanos plateados que querían retener a la luna en sus aguas calmadas. Y una felicidad indescriptible ha inundado mi corazón. Pero entonces...
Entonces la mano de Morfeo me ha soltado y empezado a caer hacia el vacío. Un grito de terror se ha helado en mi garganta mi entras caía y caía y notaba el frío aire de la noche en mi cuerpo. Y he caído en el agua del océano, bajando y bajando hacia el fondo oscuro. Y mis piernas, moviéndose desesperadamente, han tratado en vano hacerme subir a la superficie mientras mis brazos, descoordinados, me han hundido más. Y sobre mí la luna blanca se bañaba en el agua. Y he visto que nunca podría salir de allí.
De repente una mano, tu mano, ha aparecido y me ha cogido el brazo y tirando fuertemente me ha sacado del agua. Y allí estabas sobre la arena abrazándome para calmar los temblores con los que el miedo y el frío sacudían mi cuerpo. Y nos hemos sentado al calor de la hoguera, bajo una cúpula de estrellas brillantes. Y nos hemos pasado la noche hablando del amor, del cariño, de la amistad. Y allí sentados, tu brazo rodeando mi cintura y mi cabeza apoyada en tu hombro, hemos vivido el uno del otro. Y mis ojos se han cerrado, atrapando la luz de la hoguera.
Y al abrirlos, yo estaba de nuevo en mi cama y tú no estabas a mi lado. Morfeo se ha ido a descansar, para volver después, otra noche más, a sembrar dulces sueños. Y me ha quedado el recuerdo de ese sueño, y el sabor del cariño y la amistad, que me ha acariciado durante todo el día.
Por: Ironika | Sueños | Comentarios (0) | Referencias (0)